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12.- Carta abierta a la promoción de 1961 PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Rogelio Garcés Galindo   
jueves, 19 de febrero de 2009
Página que nos envía un compañero, aunque pone escrito por Rogelio Garcés Galindo debería poner pasado a la página por Roge....

Como prometí todo lo que me llegue para sur publicaco será hecho lo mas rápido posible.

"Aseguraba  Sartre que “El infierno son los otros”. Con todos los respetos a este filósofo galo, gran impulsor de la cultura del existencialismo, hoy aseguro que nada más lejos de la realidad, si de enjuiciar a estos ‘otros viejos nostálgicos’ que nos afanamos en disfrutar evocando los casi 50 años que nos separan de nuestras vivencias comunes, se trata.

¡Jesús!, ¡cincuenta años…! Y aquí estamos de nuevo los de la ‘quinta grajera del 61’ --como alguno de nosotros nos ha venido en llamar--, recordando que aprendimos en el mismo colegio. Que sentimos que tenemos una deuda con aquel período de nuestra infancia-adolescencia en el que vivíamos confiados, inocentes, optimistas y felices. Que tal vez fueron aquellos los mejores años de nuestras vidas, pero que no lo sabíamos entonces. Que el Hermano Luis, y el Hermano Fidel, y el Hermano Ignacio, y el Hermano Emiliano, y el Hermano Wenceslao, y el Hermano José, y otros tantos que sería prolijo mencionar, además de que ya casi ni me acuerdo, iban a ser nombres que permanecerían ligados a nuestra memoria colectiva. Sin duda, la nostalgia aflora al evocar estos nombres, la mayoría desaparecidos, que nos dejaron un legado que nos obliga a recordarlos con reconocimiento y respeto, conscientes hoy del importante rol que desempeñaron en nuestro desarrollo.

Eran tiempos de caballos de cartón, coches de hojalata, huesos de melocotón, canicas de barro y trompos; escasa alforja de juguetes para estos niños de entonces que, a pesar de tantas carencias, vivíamos felices con las alternancias de las piolas, el tú-la-llevas, el pilla-pilla y la gallinita ciega.

Y luego del colegio todo comenzó a pasar muy rápido. El mundo traía grandes cambios desde todas partes: “La imaginación al poder”, “Haz el amor y no la guerra”… Y los cambios llegaron, cómo no, a nuestro País, invitándonos a ser protagonistas, a adoptar posiciones, a adaptarnos a la vorágine de la evolución que a pasos de gigante se nos venía encima. Algunos de estos cambios nos obligaron a madurar aceleradamente. Como el resto del País, nuestra Melilla ya no era la misma, y se produjo la diáspora. Así, fuimos dispersándonos hacia distintos destinos, algunos más lejanos que otros, algunos más afortunados que otros, algunos más reversibles que otros.

Pero la vida es un círculo, y en esta vuelta se nos ha ofrecido la posibilidad de reencontrarnos con lo que habíamos dejado atrás. Con la ciudad que nos vio crecer; con nuestro Colegio, que ahí sigue con el mismo nombre y en el mismo edificio; pero, sobre todo, con nuestros compañeros de entonces: peliblancos los más, alopécicos algunos, unos jubilados y otros en vías de ello, la mayoría  con nietos…, pero todos felices de revivir aquellos años de pan y chocolate.

Aunque de lamentar es que algunos de nosotros se quedaran en el camino: Alejandro Parres, Juan Simón, Gonzalo Hoyo, Pepín Linares, Bugallo… No sé si alguno más que no recuerde o que no me haya llegado noticia. Vaya para ellos nuestro recuerdo y el testimonio del cariño que les profesamos entonces y que aún les sobrevive.

Hoy, unos cuantos de aquellos niños, con el gran desafío de refrendar esta amistad noble y sincera, con la simpleza e inocencia de entonces, tal vez con la carga del largo camino andado, o con la serenidad de las canas, nos sentimos felices de tener esta oportunidad de ver lo que no vimos entonces  y de decir lo que no dijimos. De reencontrarnos, en definitiva, y de que se nos brinde la ocasión de, mirándonos a los ojos, decirnos que no nos hemos olvidado los unos de los otros.

Seguro que con el mismo nudo que aprieta mi garganta, todos los de entonces, que en franco disentimiento con el poeta aseguro que ‘seguimos siendo los mismos’, nos hemos dado cuenta de que esa parte de nosotros que se quedó atrás, hoy podemos regresar para buscarla y disfrutar de que, a cambio de todos estos años, hemos recuperado recuerdos ahora imperecederos. Y el mayor de los tesoros: nuestra amistad. Ésa que sólo se da con tanta pureza como cuando se es estudiante en el Colegio de los Hermanos de San Juan Bautista de La Salle, de Melilla.

Queridos ‘grajos del 61’: soy uno más de vosotros y me siento feliz por volver a estar con mis compañeros."

 
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